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Mostrando entradas de junio, 2013

Ani Castillo

Por casualidad, he dado con este dibujo en Pinterest. Y me ha enamorado.


Y he descubierto a Ani Castillo.

Echadle un vistazo a su Flickr.

De vuelta

Ya estamos de vuelta.



Cansados. Más bien agotados. Y con muchas cosas en la cabeza y en la retina. Muchas emociones. Tantas que, recién llegada, no puedo hacer balance del viaje.

Os diré que ha tenido muchas cosas buenas, muchísimas, muchas risas, muy buen rollo, y que también hemos pasado nervios y preocupaciones. Lo normal moviendo sesenta personas por una ciudad tan extensa y tan complicada.

Creo que, durante las vacaciones, podré contaros algunas cosillas del viaje. Unas para reír y otras, si no para llorar, sí para pensar. Pero hoy, aunque no os lo podáis creer, trabajo. Y me he levantado a las siete para ir a despedir el curso.


De viaje

No puedo visitaros ni comentar ni nada en estos días porque estaré por aquí.

Ya os contaré a la vuelta...

Adivina, adivinanza

¿Dónde estoy esta semana?


Matemáticas

Hoy una breve entrada para meterme, cariñosamente, claro, con los profesor de matemáticas. Es que no hay manera con ellos. Lo de los números es su vida, y si un alumno tiene un cuatro, pues tiene un cuatro, y da igual lo que digas o hagas.

No son todos así, pero lo son normalmente, en casi todas partes. No hay posibilidad de cambio.



En estos dos días me he reído mucho. Muchísimo. Las evaluaciones han sido distendidas, han durado menos de lo que se esperaba y las hemos llevado lo mejor que hemos podido, teniendo en cuenta que trabajamos por la mañana y luego a las cuatro de la tarde ya estamos sentados alumno por alumno repasando su trayectoria durante el curso.

En mi instituto actual, afortunadamente, no se suele dar pie a cotilleos (éste es el que sale con la hermana de..., o yo tuve a su hermano hace años y era buenísimo...) ni a anécdotas (un día, este chaval hizo en mi clase esto o lo otro).



Lo que sí tenemos es un pique (muy sano) entre los de matemáticas y física y química y los…

Helados

Me gustan mucho los helados... como concepto.


Vía.
Me gusta verlos, me gustan sus colores, sus texturas, me encanta que la gente a mi alrededor coma helado, y me encantaría que me gustasen los helados, pero no. No me gustan. No me gusta comerlos.

Me pasa algo parecido con los pasteles. Son tan bonitos, esos pequeños, como pequeñas tartas, creaciones en miniatura, pero luego no me dicen gran cosa al paladar, así, en general, porque no me gustan demasiado los dulces.

Cuando era pequeña y me compraban un helado, o un polo, mi hermano mayor se comía el suyo y luego esperaba a que me cansara del mío, que me resbalaba por la mano después de haberle dado dos o tres lametones, y siempre terminaba dándoselo.

Ahora soy una persona extraña que les dice a sus hijos ¿quieres un helado? ¿te apetece un helado? mucho antes de que a ellos les dé tiempo a pedírmelo. Y con tan mala suerte que a mi hijo pequeño tampoco le gustan los helados...



Por cierto, la última imagen es del blog Kanela y Limón. Muy r…

Soy muy pesada

Creo que en la definición de madre se incluye lo de ser pesada, pero en los últimos tiempos y en mi caso, mi pesadez está llegando a unos extremos en los que cada vez más me parezco a mi madre.

Oh. Dios. Mío.




Cuando llego a casa, ahora en el mes de junio, por ejemplo, los niños habitualmente ya llevan una hora descansando, es decir, viendo la tele.

Entro y no digo ni hola.

- ¿Qué tal el examen de inglés? ¿Era fácil? ¿Cómo te salió? ¿Te dieron la nota del de ayer?

Todo esto así, seguido, al mayor, e, inmediatamente, sin esperar respuesta, voy a por el pequeño.

- Ven a darme un beso.

- Jopeeeee, mamá.

- Ven aquí. A ver, ¿qué tal el cole? ¿qué tal vas? ¿Qué habéis hecho hoy?

Después entro en la cocina, y si mi chico está en casa, empiezo también con él.

- ¿Sacaste el lavavajillas? ¿Te acordaste de llevar el justificante al cole?

El suele fingir que no me ha oído. Levanta la vista de lo que esté haciendo, sonríe y me suelta.

- Hola, cariño, ¿que tal te ha ido el día?, te estaba esperando p…

Las notas

Días de poner notas a los chavales.

No me gusta poner exámenes, y menos aún poner notas. Un número no encierra lo que un chaval ha hecho (o no ha hecho) durante un trimestre, o un curso.



Es difícil poner notas. Aunque a veces los alumnos te lo ponen tan fácil...

Tengo un par de alumnas que han sacado dieces en casi todas las pruebas que hemos hecho, su actitud en clase es muy buena, trabajan, se comportan. Con ellas lo tengo claro. 10.



Hay algunos alumnos que han decidido hace unos meses no volver por clase, lo han dejado por imposible, no mi asignatura sino el curso entero. Ellos también me lo ponen fácil. 1 (No sé si lo sabéis, pero en la ESO  no se pueden poner ceros, así que el 1 es la nota más baja).



Lo malo es que entre el 10 y el 1 hay una gran variedad de números, de tonos, de matices.

Porque...

¿Es igual el que ha hecho todo lo que les pido que el que aprueba los exámenes pero no hace ejercicios, ni entrega trabajos? NO.

¿Es lo mismo un alumno que en clase atiende y se compor…

El fútbol

O de cómo acabar en un baño de alumnos con tres gigantes en paños menores.

Esto es un asunto muy serio. Para mis chicos, al menos, lo es.

Las dos últimas semanas organizaron un campeonato de fútbol sala en el centro. Cada clase forma su equipo y sus estrategias.



En contra de lo que podáis pensar, hay muchos equipos mixtos, sobre todo en primero y segundo, donde las chicas son más grandes que los chicos y algunas juegan bastante bien. O al menos eso dicen, porque no tengo ni idea del tema.

Gran expectación por todas partes.

Las tres primeras horas de clase, especialmente la tercera, nervios y notitas entre los alumnos con las estrategias del partido.

En el recreo, el partido.

De toda la liga, sólo he presenciado dos partidos, porque me tocaba cuidar el patio. Y han sido suficientes.

El primero, protagonizado por mis alumnos, los de mi tutoría de tercero, contra los de primero de la ESO. Todos los de primero menos uno les llegaban a los míos a la cintura, más o menos. Y es que de doce a…

La dieta del chicle

¿Que no sabías que existía la dieta del chicle? Pues que sepáis que no estáis a la última.

Cómo se nota que no trabajáis con adolescentes.


Vía.
Hay una niña en mi insti que lleva meses siguiendo la dieta del chicle. Consiste en los siguiente: tú desayunas lo menos posible, un vasito de leche desnatada, bajo la atenta mirada de etu madre que se niega a dejarte salir de casa sin desayunar. Y entonces te metes un chicle en la boca, y lo masticas mucho, mucho.



Y en el recreo, mientras tus amigas se compran un bocadillo de tortilla de patata y una bolsa de gusanitos, tú  cambias de chicle porque el de la boca ya está muy usado, y sigues masticando hábilmente, pensando en ese bocadillo que no te estás comiendo.

Cuando llegas a casa, procuras, por todos los medios, decirle a tu madre que estás mala, que el bocadillo de tortilla te ha sentado mal y que no tienes hambre. Algunos días cuela y otros no tanto. Si te obligan a sentarte ala mesa, procuras remover con arte la comida por el plato y co…

Una historia

Os voy a contar una historia. No es un cuento, porque si lo fuera, tendría qe tener algún final, del tipo que sea. Esta historia no tiene final.
Se trata de una niña. Tiene catorce años. Lleva un chandal negro y rosa, zapatillas que se caen de puro viejas, ojos muy pintados de negro y piercings en labios y ombligo (al menos).


Via.
La chica va a clase y saca notas aceptables. Pero no destaca especialmente en nada, ni por guapa ni por fea, ni por inteligente ni todo lo contrario, así que este curso le ha dado por por juntarse con los más macarras, por largarse de clase a media mañana, fumar porros... Esas cosas que hacen que una buena niña se convierta en una tía guay a ojos de otros y, sobre todo, de sí misma.
Un día, la niña se pone enferma en clase. Y una profesora la acompaña a urgencias. Los profesores estamos hartos de ver niños que no desayunan, niñas que apenas comen y luego se desfallecen a media mañana.
Pero pasan los días y la niña no parece mejorar. Apenas aparece pr el inst…

Hijos

Mi peque ocupa la mayor parte de mi cerebro útil (que creo que es poco), así que pocas veces os he hablado del mayor.
Mi hijo mayor es uno de esos niños buenos, tranquilos, estudiosos, obedientes, trabajadores, que parece que se han educado solos, que no les afecta mucho haber nacido en una familia o en otra, que les toque un profesor u otro.
Todos sabemos, yo la primera, que esto no es así, sólo lo parece.



Cuando mi hijo tenía tres o cuatro años, era bastante bruto. Y lloraba por todo. No tanto como su hermano, el más llorón de la galaxia, pero lloraba mucho y casi por cualquier cosa. Fue una ardua tarea conseguir cambiar eso.
Cuando empezó con los estudios, también lloraba por todo.
- ¡¡¡Nunca me lo voy a sabeeeeeeer!!!
Lo repetía y gritaba cada vez que estaba cinco minutos seguidos sentado delante del libro. Le parecía un mundo estudiar y nos parecía a todos que le iba a costar mucho.
Hoy es uno de los mejores estudiantes de su clase, independiente, brillante en algunas materias, …

La cuenta atrás

Últimamente no os visito ni os contesto todo lo que me gustaría. Pero dentro de poco estaré de vacaciones (jajajaja) y podré recuperar todos estos días que están siendo de locos.

Ayer, por ejemplo, salí de casa demasiado pronto para que las calles y los semáforos estuvieran ya puestos, llegué a casa a las tres y media largas, comí de pie mientras vestía al peque, cogí de nuevo el coche, los niños, la abuela y nos fuimos a hacer una hora y media de cola para ver la actuación del niño, que terminaba el nivel elemental de la escuela de música, con graduación y todo. Un rollo impresionante, un jaleo de niños, padres, abuelos, más niños, cámaras de fotos, de video, unos de piratas, otros de turcos, otros de tiroleses... No sé explicaros cómo me horrorizan estas cosas que, sin embargo, si se trata de mis hijos, me emocionan igual que me repelen.


vía.
Además, en los próximos días, hasta las esperadas vacaciones del día 21 (al menos vacaciones para algunos, ya os contaré...) también tengo pend…

Números

A mí los números me resultan casi incomprensibles. Me dices números y es como si me hablas en un idioma que me suena, pero que apenas comprendo.

Vía.
Cuando empecé con esto del blog, hace poco mas de un año, miraba cada poco mi escritorio de blogger a ver si alguien me había leído. Un comentario era todo un acontecimento.
Luego pasé por una etapa en la que me obsesioné con las visitas. ¿Por qué ayer más que hoy? ¿Por qué a esta hora menos que ayer?... yo qué sé. 
Después se me pasó, y me dije a mí misma, si llego a los cien seguidores, lo celebro de alguna forma, un sorteo o algo, y se me olvidó por completo, porque hace ya tiempo que dejé de mirar las estadísticas y de fijarme en los números, porque, lo que digo, es un idioma que me dice bien poco.
Pero esta vez creía que no se me iba a olvidar. Estaba pendiente del numerito de las visitas del blog, pero luego no me di cuenta. Y hace ya unos cuantos días, si mis cálculos no fallan, mi blog recibió la visita número cien mil. Cien mil.…

Ayer

Ayer fue un día duro, muy duro. El padre de un compañero de mi hijo pequeño, y una persona muy querida y muy conocida en mi ciudad. Despedir a alguien joven es duro. Despedir a alguien que tiene un niño de ocho años lo es más. Incluso aunque sólo te toque de lado, no sea lo que podemos llamar un amigo, pero sí alguien con quien has pasado ratos, has compartido mesa y mantel, has saludado a diario en el colegio.  Aunque no te toque muy de cerca, algo así siempre te deja tocado. Y te hace pensar.

After Dark

Murakami. Cada cierto tiempo, desde hace ya unos años, vuelvo irremediablemente a él.



Me atrae de una manera increíble. Vaaaaaaaaaaaaaaaaaaale. No exactamente de esa manera.

Pero tengo que leerlo en dosis pequeñas.

Mi primer encuentro con él fue Tokio Blues. En las siguientes semanas me llené de Murakami. Leí y leí hasta que con Crónica del pájaro que da cuerda el mundo me saturé. Y tuve que descansar.

Después he vuelto a él esporádicamente.



Pero aún no había leído After Dark.

Es de noche, la ciudad aún no duerme, pero la noche cae y cae. Una chica lee en un café. Poco a poco van apareciendo el resto de los personajes, personajes murakanianos, extraños, misteriosos. Y te hace sentir que estás allí, en Japón, a miles de kilómetros de casa, viviendo una historia increíble pero sencilla.


Vale, no me he expresado bien. Leedlo.

Educación sexual

Estoy en clase explicando a Lope de Vega. Dale que te pego con los corrales de comedias, con el teatro del  Siglo de Oro, yo sola conmigo misma porque la mayoría de los alumnos ha desconectado hace rato.



Uno de ellos, en la última fila, levanta la mano. Le hago un gesto de que espere un momento, porque si me interrumpen se me va y luego no sé lo que estaba diciendo. Cosas de la edad, supongo.



Termino de hablar y le doy la palabra.
- ¿Te puedo preguntar algo, profe?
- ¿De Lope de Vega?
- No, es otra cosa.
- ¿Ahora?
- Es que... no sé si decírtelo... profe... no te asustes, ¿vale?
- Si no quieres que me asuste no me digas nada que me pueda asustar.
- Es que... bueno... es que no sé si decírtelo...
- Vamos, sueltalo de una vez.
-Vamos a ver... Si a una chica le duelen los ovarios... uhmmm... eso... eso... ¿quiere decir que está embarazada o que le va a bajar la regla?
- ¡¡Al pasillo!!, le grito antes de que siga, con un poco de mala uva.
Sale al pasillo ante el estupor de la clase y el m…

Mi cumple

Este año no pensaba hablaros de mi cumple.
Fue el sábado, y cualquier otro año habría pasado el día metida en la cocina haciendo tartas y guisos para tropecientos, preparando fiesta y maravillosamente alegre por cumplir uno más.
Pero este año me ha pillado desanimada, sin ganas de celebraciones, sin ganas realmente ni de levantarme de la cama. Me ha pillado cansada y sólo medio recuperada de los vértigos. 
No creo que tenga mucho que ver con cambiar de decena y que, después de cumplir treinta y todos, viene el temido cuatro. No lo creo, porque nunca me ha importado decir mi edad en ninguna parte. De todas formas, no estoy en mi mejor momento.
El jueves por la tarde, aun así, estuve haciendo unas galletas maravillosas: éstas de Susana, de webos fritos,  Soy seguidora desde hace mucho tiempo, y cualquier receta suya es un éxito.En el insti volaron.



Vía. (la foto es suya, no hay más que ver lo preciosísima que es)
Y ayer lunes, cuando llegué a mi clase de segundo, pensé que los chavales …

Mi grupito

Tengo un grupo del que me parece imposible que aún no os haya hablado. Y ahora que termina el curso, no quería dejar de hacerlo.
Se trata de un apoyo de lengua a cinco chavales, dos horas a la semana.
Si necesitan apoyo, imaginaréis que la lengua no es lo suyo. Básicamente hacemos dictados, leemos y escribimos. Y también lo estamos pasando muy bien. Un buen rollo desde el principio del curso que ha hecho que llegue a estas clases con ganas y de buen humor.

Vía.
Os presentaré a mis chicos.
J. Lleva una trenca de esas de estudiante de cole de monjas, color gris, todos y cada uno de los día durante todo el año. Aún no hemos conseguido que se la quite. En las clases hace calor y en el patio muchas veces hemos estado bajo cero, pero él, impasible, no se quita el abrigo así le caigan gotas de sudor por la frente. No exagero, a veces pasa.

Vía.
S. Es muy muy alto y bastante fuerte. Está gordito y lo lleva lo mejor que se puede llevar esto en la adolescencia. Hace unos meses el médico el puso …